Entre la Espada y la Pared

por José Sánchez-Boudy


Estamos entre la espada y la pared. O ganamos, destruyendo por completo el comunismo cubano, o la nación cubana con su actual sentir histórico sufre uno de los cataclismos más grandes que ha presenciado la humanidad y del que tardará centurias en levantarse. Castro no ha tratado sólo de gobernar. Cuando se ve la destrucción física total de una nación y al tratar, por todos los medios, de borrar su historia, nos damos cuenta, y creo que se ha repetido mil veces -por lo menos yo lo he hecho, y muchos más-, de hacer añicos la historia y todos los valores que de la misma han surgido. Por eso Castro decía que la historia comenzaba el 1ro. de enero. Por eso decía que había que construir al hombre nuevo. Estará muriéndose en la cama pero en su mente, en la de su hermano, en las de todos los que lo han acompañado en hacer añicos, poco a poco el alma cubana, ese ha sido el pensamiento: el de dejar después que abandonen esta vida una dictadura sangrienta, y si no es sangrienta, lo que es muy difícil, una dictadura que pueda ejercerse sobre hombres sin voluntad; maleables; esclavos. Un novelista que habló de esto, creo que fue el inglés Wells en aquella novela pavorosa titulada "La Isla del Dr. Moreau".

El pueblo de Cuba aún está intacto. Aún puede dar la batalla, y la está dando. Aún queda el Exilio Interior que como en otra novela, "Farenheit 406", ha conservado los valores de la Cuba Eterna. En esta novela una dictadura de tipo comunista quemaba todos los libros escritos por la humanidad, pero los hombres sometidos a ella los memorizaban. Toda la Cultura Occidental estaba refugiada en las cabezas de padres a hijos. Por eso yo cuando se dice que los cubanos de hoy son distintos me vuelo. Porque esa es la técnica comunista para dividirnos. La técnica que se esta repitiendo tratando de separar al Exilio Histórico; al Exilio Externo del cubano de allá; los hombres del Exilio Interior. No todo es eso que se ve: La destrucción física y moral de nuestro pueblo. Todavía el alma cubana no ha sido vencida. Tiene la dureza de los hombres que el 10 de octubre se levantaron contra un Imperio. Los hombres de la novela de arriba los que memorizaron.

¿Han pensado ustedes lo que es en la madrugada fría un grupo de hombres con sus esclavos, armados de revolvitos y carabinas que apenas disparaban, levantarse contra la España, hecha de aquellos guerreros imperiales, por colonizadores y descubridores y los tercios, el ejército harapiento que recorrió Europa y la sometió y dejar sus líderes muertos después de cien batallas y sin embargo erigir una República y hacer un pueblo, recogiendo el legado que venía desde la primera misa que se dio en La Habana, hasta ganar la guerra? Es una hazaña portentosa.

En aquella mañana de La Demajagua estos cubanos de caballitos criollos y carabinas rotas tuvieron el mismo dilema que nosotros: o vencemos o nos aniquilan la patria que todos llevamos en el corazón. Y este es el dilema, repito, que tenemos ahora. Hay que vencer al comunismo. Hay que aniquilar al comunismo. Hay que destruir al comunismo. Hay que hacerle como al marabú: candela y petróleo hasta la última semilla, de lo contrario se prolongará el totalitarismo rojo y terminará por amellar el alma cubana, y restañar las heridas costará años y años.

Los remedios que anuncian los del diálogo; que sustentan los transicioncitas; que anuncian los que sueñan con liderazgos intelectuales de tipo continental ya pasados de moda e irrepetibles de hombres como Martí; como Sarmiento; como los grandes de América, y sin embargo no luchan como éstos para morir de cara al sol sino proponen soluciones que lejos de destruir al comunismo llevarán a la prolongación de la dictadura y a todo eso que yo anuncio arriba.

Estos no son ataques personales, son los sentimientos más íntimos de esos cubanos que no van a la radio ni a la televisión, pero que sudan la camisa y construyen familias; y construyen con su labor diaria pensamiento cubano para el porvenir; para la patria; para sus hijos, y que son los dos millones que forman este exilio regados por todas partes del mundo. Esos que expresan el amor a la patria en poesía; en recuerdos del ayer, y a los que llaman "los Intransigentes" pero que saben que esta hora es decisiva; que es la "hora 25" en la cual decía el novelista Georghui "se acaba el tiempo del regreso".

Los que saben que estamos entre la espada y la pared. Que no se puede caer en diálogos, ni en transiciones. Los que no se dejarán separar en eso de "los de aquí y los de allá", son los que olfatean el futuro y el presente y saben que con tanto bla…bla…bla que se oye por ahí hueco, con soluciones que rechazó siempre el mambisado y el pueblo de Cuba, con soluciones que llevan a eso: a que pueda subsistir el Comunismo Larvado que es como esos virus que entran en el cuerpo y lo van destruyendo paulatinamente, el destino patrio es horrendo.

Además, todo eso de diálogo y transición no son más que maniobras dilatorias; maniobras para cegar la realidad, en las que caen muchos. Que mientras impulsan estas maniobras inconsciente no perciben que, mientras se habla, la transición del Comunismo Fidelista Entero ha pasado al Comunismo Raulista, y que si desaparece el Exilio Histórico, se piensa por ellos, los que agrilletan la patria, será posible la destrucción de la misma. Pero esto no sucederá porque los valores que lega y lucha el Exilio Histórico son la Cuba Eterna.


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