LOS USURPADORES

por Hugo J. Byrne


Tratando de romper la rutina diaria y alcanzar un anhelado descanso del cotidiano bregar con la actualidad cubana, me encontré súbitamente con la imposibilidad de hacerlo; “Fifo” tuvo la desconsideración de “enfermarse de gravedad”, sufriendo una intervención quirúrgica “muy complicada” el segundo día de mi pretensa semana de “pesca y descanso” en Cayo Largo, Florida. No es necesario aclarar que no hubo ninguna pesca y muchísimo menos descanso, sólo un contínuo esfuerzo (mayormente fallido) para comunicarme por teléfono celular (la señal electrónica era casi inexistente) para obtener información idónea con la que componer una semblanza de útil orientación a los amables lectores.

Sería totalmente fuera de carácter en mi caso tratar de hacer conjeturas acerca de la situación de salud del Tirano y menos aún tratar de adivinar si realmente está todavía vivo, u horizontal en una gaveta de congelación. Lo importante es que aparentemente ha dejado de funcionar políticamente en Cuba (temporal o permanentemente) y esto implica muchísimo. Una obvia implicación es el arrebato por llenar el inmenso vacío creado por su supuesta ausencia del poder.

Toda vez que el vacío político en un régimen supertotalitario como el de Castrolandia representa una oportunidad poco común para todos los aspirantes al poder, se me ocurre que sólo debo describir quienes son ellos y cuáles entre los mismos en mi criterio tienen las mejores posibilidades de eventualmente llenar temporalmente ese vacío. Por desgracia ninguno de esos aspirantes a detentar el poder político cubano posee las credenciales necesarias para presidir el estado de derecho que Cuba demanda y necesita como país serio y civilizado: Son todos ilegítimos. Se trata de una miserable pandilla de usurpadores.

Ese poder sólo podría ser legalmente ejercido por el pueblo cubano cuando sea adecuadamente representado por un gobierno electo por sufragio (más o menos universal) y legítimamente establecido en virtud de una verdadera constitución (para la cual una nueva asamblea constituyente es necesaria). Para ese imaginario proceso legal, la intensa cooperación del llamado “Exilio Histórico Cubano” es, más que conveniente, imprescindible. La razón es obvia: En ese “Exilio Histórico” no sólo milita la dignidad de un pueblo antaño virtuoso y libre, sino también la verdadera y única intelectualidad cubana remanente. Quienes pretendan encontrarla en otros lares (muy especialmente entre los “académicos” del Florida International University) necesitarían armarse con la lámpara de Diógenes.

Si un ejemplo de ello fuera necesario, bastaría mencionar al pomposo Profesor Lisandro Otero, desbarrando sobre lo que llamara las “instituciones” creadas por el castrismo en reciente programa televisado del Canal 51 en Miami. Su patético reclamo de que dichas “instituciones” podrían sobrevivir no sólo a “Fifo”, sino al “Hermanísimo”, fue ridiculizado en cuestión de segundos por Carlos Alberto Montaner. Aunque tengo más de una discrepancia con Montaner, es obvio que su contraste con un “dilettanti” de quinta categoría como Otero es más que abrumador. Por supuesto, el llamado “Exilio Histórico” no tiene al presente la capacidad (o quizás la vocación) incluso para cooperar en la némesis de Castrolandia. Eso, por supuesto le obstaculizaría la posibilidad de influenciar adecuadamente una nueva Cuba, para no mencionar los otros obstáculos que “nuestros aliados” en Washington tienen ya en posición. Por desgracia, una vez más, una coyuntura histórica de mayores proporciones sorprende completamente al exilio cubano.

El primero de los usurpadores con algunas posibilidades de heredar el poder político, aunque sólo temporalmente y sólo como consecuencia directa de la muerte de “Fifo” es, naturalmente, su hermano Raúl. Para obtener ese brevísimo poder politico, Raúl necesita la cooperación de otro licitador en esta espúrea subasta: el gobierno de Estados Unidos. Sí amable lector, tal como zumba y suena. “Fifo” necesitaba un demonio, pero el “Hermanísimo”, nó. Para el “Carcamal en Jefe”, “El Imperio” ha sido hasta hoy un demonio muy útil. Washington no desearía negociar con el patético Raulito, pero confrontado con la disyuntiva de una sangrienta guerra civil a noventa millas de las costas de Florida, con su consecuente desate balsero, versus la “sacrosanta estabilidad de la Isla de Cuba”, ¿quién duda que “una decisión pragmática” prevalecería? Por otra parte, la presente administración norteamericana está en su fase final. Las elecciones de noviembre próximo podrían traer notorios simpatizantes del régimen castrista a la lideratura parlamentaria norteamericana, como el Senador Christopher Dodd y el bien alimentado Congresista “Charley” Rangel. Si el “General de Cuerpo de Ejercito” logra agrupar sus peones adecuadamente y es capaz de ofrecer ciertas garantias a Washington, todo es posible para ambos.

Aunque estos dos son los licitadores con más probabilidades de ganar temporalmente la subasta (especialmente si actúan de común acuerdo después de la muerte de “Fifo”), existen otros que se contentan con limitar sus objetivos al mantenimiento de su (nefasta) influencia. El ejemplo más típico, aunque no el único (recordemos a la Unión Europea y el gobierno peninsular de Rodríguez “Alpargatero”) es el del Estado Vaticano. No cabe la menor duda que las declaraciones del Cardenal Jaime Ortega indican que el presente inquilino de Castelgandolfo (o sus principales consejeros) están apostando por que el Tirano aún está vivo y por que pudiera quizás recuperarse lo suficiente para regresar al poder por algún tiempo. O que quizás Raulito pueda mantenerse en control durante varios meses. Estas posibilidades no deben ser descartadas totalmente. Tengo gran respeto por la capacidad de los organismos de investigación e inteligencia del Vaticano.

La única situación no esperada (aunque sí razonablemente previsible) es una lucha intestina por el poder en el seno de la Mafia de La Habana, que se torne violenta. En ese caso, como se dice comunmente en el idioma ingles, “All bets are off”. Siempre ha existido “mar de fondo” latente entre las fuerzas de represión en Castrolandia desde la época de las purgas sangrientas de fines de la década de los ochenta. Un evento de esta índole le daría a los cubanos una nueva y dorada oportunidad de alcanzar libertad, esa deidad esquiva de la que Maceo acertadamente afirmara que sólo se conquista, nó se mendiga.



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