EL DESTINO DE LOS CUBANOS

Por Hugo J. Byrne

Dedicado a mi hermano de luchas Carlos Hurtado, cubano patriota por antonomasia y quien sabe de sobra cuales son sus prioridades.

"¿Qué clase de destino queremos? En épocas normales esta sería una pregunta académica. Pero hoy estamos en guerra con quienes desean matarnos a todos, no importa el grupo al que pretendamos pertenecer".

Victor David Hanson (“Mexifornia”)


No creo que entre todos los muchos cuentos y fábulas que leyera en mi temprana edad, alguno me impresionara tanto como aquel en el que dos frívolos conejos entablan una discusión acalorada sobre la raza de los perros que los persiguen con las peores intenciones. Tanto se involucran los dos tontos roedores en su absurda discusión, que olvidan por completo el peligro inminente que se les acerca. El trágico resultado (para los conejos), es que los perros los alcanzan.

Todo esfuerzo, no importa cuan diligente, sólo conduce al éxito cuando se establecen prioridades. Es precisamente el orden en que desarrollamos las labores de acuerdo a nuestros intereses, excluyendo distracciones y siempre empezando por lo más importante, la clave en el triunfo de toda empresa. Por el contrario, la anarquía, el desorden y la consecuente incapacidad de avanzar una agenda por anticipado, es lo que conduce irremediablemente al fracaso.

Es mi propósito establecer algunas de esas prioridades aquí para beneficio de aquellos que de verdad se interesen por el futuro de los cubanos. Estas nociones por naturaleza tienen que ser totalmente objetivas. Lo contrario acarrearía el merecido rechazo de los lectores, con resultados negativos y contraproducentes.

La realidad de que estamos enfrentados a un enemigo implacable, cruel y mortal, es la primera condición objetiva que debemos aceptar. Ignorar el peligro evidente no es racional. Para enfrentarlo, todos tenemos la obligación hacia nosotros mismos de tomar la iniciativa. “¿Cuántas organizaciones existen en el exilio?” nos preguntan algunos, afectando expresiones de frustración. “¡Que me llamen cuando se unan!”, agregan con solemnidad.

Eso es esencialmente una excusa tan disparatada y ridícula como cualquiera de los argumentos esgrimidos por los conejos de la fábula. No se trata ni siquiera de un argumento, sino simplemente de una excusa. Una excusa para no cumplir con el deber. Una excusa para no tener que levantar el trasero del sofá.

Nadie puede justificar sus acciones (o su inacción) por lo que hagan o dejen de hacer sus semejantes. Como bien dijera Jefferson; “Yo soy sólo uno, pero soy uno” .

Los nativos de Cuba hemos sido despojados del derecho inalienable a un destino mejor, el que merecemos como seres humanos. Es necesario comprender de inmediato que ese continuo despojo es perpetrado a través de una violencia que se ha mantenido sin parar durante los tristes últimos cuarenta y seis años y medio. Esa violencia fuerza la sumisión de todo un pueblo y obliga la entrega total de su peculio y esfuerzo productivo para que la burocracia del estado disponga del mismo arbitrariamente y en el sólo mezquino beneficio de la claque que dicta. Muchos que emigraron se consideran a salvo de las depredaciones del castrismo en virtud de vivir fuera de las costas cubanas. Esos deberían hacer un esfuerzo mejor por abrir el entendimiento a las realidades que los rodean.

Al mismo tiempo que sufrimos esa contínua violencia, tenemos que soportar también su constante e inicua justificación. Pero quienes justifican los crímenes del enemigo no son solamente sus órganos de propaganda como “Granma”, “Juventud Rebelde”, “Boston Globe”, “Chicago Tribune”, “Washington Post”, “Los Angeles Times” o el resto del mal llamado “main stream media”, sino también aquellos que casi siempre por extrema ignorancia, pero también por poca vergüenza (o la infame combinación de ambas), se dedican a repetir como papagayos los lemas del enemigo.

¿Es ético y racional aceptar la justificación de violencia inhumana contra nuestros intereses y nuestras vidas mediante la negación de nuestro legítimo derecho a la defensa? Esa negativa al más elemental de nuestros derechos justifica mil veces los crímenes de Castro. ¿Cómo debemos enfrentar la violencia anticubana y totalitaria manteniendo como objetivo nuestra dignidad nacional, sin la que no puede siquiera imaginarse un destino digno para la patria? Cuba no se hizo libre parlamentando con verdugos.

En vez de afrontar resueltamente nuestras obligaciones hacia nuestra dignidad y el interés supremo de nuestra comunidad de hombres libres, los hay en demasía que se dedican intensamente a rencillas ridículas e insignificantes disputas comineras por orgullo personal. Desconocida o convenientemente olvidada está la anécdota del desafío de honor entre el Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales y el Brigadier Flor Crombet. Usando la prioridad de los patriotas y de los hombres honrados, de común acuerdo, Maceo y Crombet programaron su duelo para después de terminada la guerra. El destino inapelable dictó que ese duelo nunca se celebrara. Tanto Maceo como Crombet entregaron sus vidas a la misión más importante, luchando heroicamente por nuestra libertad.

Existen otros que en su extemporáneo y enfermizo afán por adquirir publicidad, se desesperan por entrar en cualquier “controversia” o “debate”, aunque dañe y distraiga nuestra causa, aunque realmente no conozcan el tema en lo absoluto y aunque ni siquiera sepan donde tienen el ombligo. Los verdaderos exiliados deben ignorar olímpicamente tanto a unos como a otros. Tenemos obligaciones primordiales.

Si dependiéramos sólo de esa fauna el destino de los cubanos continuaría en salmuera permanentemente.


FIN



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