LAS PELIGROSAS ACCIONES "UNILATERALES"

Por Hugo J. Byrne


¿No ha escuchado o leído el amable lector la palabra "unilateral" recientemente? Ha sido casi imposible en los pasados meses escuchar noticias en la radio, mirarlas en la televisión o leerlas en las publicaciones impresas, sin percibir esa palabra cada dos o tres minutos. Por regla general viene acompañada de la palabra "peligroso". Los "peligros del unilateralismo" se han popularizado tanto como la influenza. La única semejanza histórica habría que buscarla en los muy populares "episodios" del cine silente de la segunda o tercera década del siglo pasado, llamados "Los Peligros de Paulina" ("The Perils of Pauline").

La infeliz Pauline, o bien estaba atada a una línea férrea (con tanta cuerda que apenas se le veía el pelo y los pies), mientras una pavorosa locomotora de vapor se acercaba por la misma, o se encontraba férreamente encadenada a un poste en un castillo medioeval, envuelto en llamas. De más está decir que Pauline siempre resultaba ilesa, pero para conocer de ese final feliz, era preciso esperar al próximo episodio, la semana siguiente.

Esperamos no tener que aclarar a los lectores que nosotros, durante esos tiempos, no estábamos por estos alrededores todavía. Podríamos reclamar que esto nos ha sido contado por algunos de nuestros colegas en el periodismo exiliado (quienes sí son suficientemente longevos como para haber sido testigos oculares), pero ante un paréntesis humorístico de ese tipo alguien podría acusarnos de copiar "La Nota Breve" de Esteban Fernández, en el semanario 20 de Mayo. Sabemos de "Pauline" por haber leído sobre ella.

El "unilateralismo peligroso" que cansinamente nos machacan a diario, es, como el lector sospecha, el que supuestamente desataría la administración Bush, caso que decidiera terminar con la amenaza de Sadam Hussein sin previo permiso del Consejo de Seguridad de "Naciones Unidas". De esta suerte Sadam, tal y como la heroína de los episodios silentes, aunque ha estado en peligro letal durante la pasada década, siempre es rescatado en el acto final. El rescate es invariablemente efectuado por los "globalistas políticos" de siempre, en detrimento de los intereses y hasta de la soberanía norteamericana. No es coincidencia que los más vigorosos partidarios del "globalismo político" sean indefectiblemente los más feroces oponentes de su versión económica.

Los denunciantes del susodicho "unilateralismo", forman una lista de considerable longitud. En el extranjero, esa lista es presidida por quienes han hecho carrera política del odio a Estados Unidos. No al gobierno norteamericano ni a sus acciones, no a corporaciones económicas, a las que a diario denuncian como "plutócratas", sino a esta nación y a las instituciones que ella fundara. Plañideramente se duelen de la desaparición soviética y culpan ese "unilateralismo" al advenimiento de la "Pax Americana", al cénit del poderío de esta nación, al "mundo unipolar" que denuncian a diario. ¿Es necesario recordar que esta lista incluye a Fidel Castro en lugar prominente?

En el ambiente doméstico los críticos del "unilateralismo" cuentan con el apoyo editorial de la gran prensa de la izquierda, como el New York Times y de las tres más poderosas cadenas de radio y televisión. En la escena política, entre los enemigos del "unilateralismo" se cuentan consumados camaleones, como Tom Dashle, Presidente del Senado, quien ha hecho carrera de componendas como la de la candidatura senatorial en New Jersey y quien acaba de cambiar su voto en el Senado, al atisbar que el aislacionismo es, al menos por el momento, una causa perdida. Entre los políticos del anti-"unilateralismo" también se cuentan radicales izquierdistas de a centavo la docena, como los dos sabandijas que en Bagdad llamaron mentiroso a Bush y "confiable" a Sadam.

En realidad esa crítica del "unilateralismo" resulta sumamente selectiva. La pasada administración Clinton recibió el aplauso entusiasta de los mismos hipócritas que hoy le niegan la sal y el agua a Bush, cuando el amante de Mónica unilateralmente invadió Haití, derrocando al dictador Cedrás. Los mismos miembros del llamado "Black Caucus", que batieron palmas entonces por esa acción, hoy condenan sin el menor asomo de vergüenza una posible invasión de Irak. Otro tanto podría decirse sobre la intervención en Bosnia y más tarde en Kosovo.

Cedrás era un dictador que abusaba de sus compatriotas, tal como lo es hoy Hussein. La fundamental diferencia es que Cedrás no constituía un peligro a la seguridad norteamericana y Hussein sí. Pero eso no afecta en lo absoluto la mentalidad dogmática y sumisa de los miembros del "Black Caucus", quienes incluyen amigos y partidarios de la "plantación" que detenta Fidel Castro en Cuba. Entre estos individuos con genuína vocación de esclavos, se cuentan Maxine Waters, el sonriente gordo Charles Rangel y otros miembros de esta asqueante, racista y corrupta piña política.

Esto nos recuerda algo que nos pasó ayer. Mientras mirábamos y oíamos la arenga senil del Senador por West Virginia Robert Bird contra el "unilateralismo" de Bush, observamos que Bird blandía en su mano derecha algo que calificaba de "trapo cobarde". Por un momento pensamos que se trataba de un pedazo de la sábana con que escondía el rostro para no ser identificado como criminal, reliquia de los tiempos en que este amigo del "Black Caucus" militaba en el Ku-Klux-Clan. Cuando nos percatamos de que se trataba de una copia de la resolución senatorial auspiciada por el Presidente Bush, sentimos asco, apagamos el televisor y nos retiramos para actuar "unilateralmente".


FIN



Éste y otros excelentes artículos del mismo AUTOR aparecen en la REVISTA GUARACABUYA con dirección electrónica de:

www.amigospais-guaracabuya.org