La "Iglesia del Silencio" en China y el destierro cubano


Un pedido de auxilio llegado por la Internet, proveniente de una campaña internacional por la inmediata e incondicional liberación de tres obispos católicos chinos, despertó entre los exiliados cubanos una conmovedora reacción de solidaridad con esos hermanos esclavizados

Hasta hace pocos días, los nombres de Monseñor Fan, Monseñor Su y Monseñor An -tres obispos católicos chinos actualmente prisioneros en China comunista- eran prácticamente desconocidos por el destierro cubano. Sin embargo, un pedido de auxilio llegado por la Internet, proveniente de una campaña internacional por la inmediata e incondicional liberación de esos tres obispos, despertó entre los exiliados cubanos una conmovedora reacción de solidaridad con sus hermanos chinos esclavizados.

Esa solidaridad del destierro cubano con los católicos perseguidos en China se manifestó recientemente por ocasión de la controvertida visita a los Estados Unidos del primer ministro chino Zhu Rongji, cuando centenas y tal vez millares de mensajes de exiliados cubanos llovieron sobre la Casa Blanca, la Secretaría de Estado, la embajada china en Washington y las redacciones de grandes periódicos norteamericanos clamando por la liberación de los obispos Mons. Fan, Mons. Su y Mons. An, una iniciativa sobre la cual el DIARIO LAS AMÉRICAS informó con destaque. Los cubanos anticomunistas dan así un ejemplo al mundo entero, que en su mayoría desconoce -o mira con indiferencia- el via crucis por el que atraviesa la Iglesia del Silencio en China comunista.

Los católicos chinos son actualmente 12 millones, aproximadamente la población de Cuba. La persecución contra los católicos en China -que ha sido implacable desde el triunfo de la revolución comunista, en1949- tuvo un recrudecimiento en 1995 cuando se produjo el arresto de varios obispos y sacerdotes y de numerosos fieles. En esta nueva embestida antirreligiosa arreciaron las presiones para que los católicos se inscriban en la Asociación Patriótica de Obispos, una "iglesia" de fachada, sin vínculos con Roma, notoriamente colaboracionista con el comunismo. El régimen llega a hacer cortes de agua y electricidad en las casas de los fieles que se niegan a adherir a la Asociación Patriótica, coloca obstáculos a la educación de sus hijos en las escuelas y condena a prisión a aquellos católicos que son encontrados rezando en grupos en sus residencias, informa la agencia vaticana Fides.

Cuando en 1998, durante su viaje a China, el presidente Clinton hizo una escala en Shangai, los católicos chinos fieles a Roma vivieron uno de sus momentos más amargos. En efecto, mientras el "obispo" de la Asociación Patriótica Jin Luxian afirmaba delante del mandatario norteamericano y de las cámaras de televisión del mundo entero que la práctica de la religión no encuentra ningún obstáculo en China, a pocos cientos de metros el obispo auxiliar de Shangai, Mons. Fan Zhong Liang, un jesuíta actualmente con 80 años, estaba preso e incomunicado en las mazmorras de la Seguridad del Estado. Mons. Fan, que ya ha pasado más de 20 años en campos de concentración, continúa actualmente prisionero y existen informaciones contradictorias sobre el lugar de su detención.

El obispo de Baoding, Mons. Su Zhimin y su auxiliar, Mons. An Shuxin, respectivamente de 67 y 50 años, hace tres años fueron secuestrados por la Seguridad del Estado y no se tiene ninguna información sobre su actual paradero, asevera Fides. Otros nueve obispos católicos permanecen bajo continuo control de la policía y hay por lo menos 11 sacerdotes arrestados.

Lo anterior no impidió que el Jefe de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de China (PCC), durante su visita a los Estados Unidos, en 1998, declarase sin escrúpulos que en China no hay "prisioneros religiosos", sino individuos que "perturban el orden público"... Es esta una de las acusaciones que el régimen esgrime contra sacerdotes que celebran la Misa en lugares no autorizados o contra fieles que simplemente se reúnen para rezar en sus residencias. Pese a la escalada represiva comunista contra la "Iglesia del Silencio" en China, son muy pocos los gobiernos y las entidades de "derechos humanos" que han tomado alguna iniciativa en favor de los desdichados católicos chinos.

Sin embargo, según una encuesta efectuada 1998, también citada por Fides, el 70% de los norteamericanos cree que China comunista es el "enemigo No. 1" de los Estados Unidos. Este dato es sumamente alentador, pues revela que la denominada política de "compromiso constructivo" de la actual administración norteamericana hacia el régimen chino no cuenta con el respaldo popular e indica que un buen número de norteamericanos estaría dispuesto a apoyar denuncias contra la flagrante violación de los derechos de Dios y de los hombres en China.

La persecución de China comunista contra los católicos está suscitando justa indignación en los amantes de la libertad. "No vamos a permitir que los dirigentes de China comunista sigan pensando que pueden continuar torturando impunemente a Obispos, sacerdotes y laicos católicos", aseveró en Washington Renata Y. Jackson -directora de la campaña internacional para la liberación de los obispos Mons. Fan, Mons. Su y Mons. An- interpretando el descontento en amplios sectores de la opinión pública americana en relación al acercamiento con China comunista, en momentos en que recrudece la persecución contra los disidentes y contra los 12 millones de católicos.

El presidente chino, Jiang Zemin, afirmó recientemente en Roma, de manera arrogante, que continuará con el sistema de "dictadura del proletariado" y llegó a imponer a la Santa Sede dos pesadas condiciones si ésta desea que mejoren las relaciones: "La primera, que rompa relaciones con Taiwan, reconociendo a China Popular como único legítimo gobierno, y la segunda, que no se entrometa en las cuestiones internas de nuestro país con el pretexto de la religión". Otras declaraciones reafirmando la decisión de continuar con el sistema comunista fueron efectuadas hace pocos días en Washington por el primer ministro Zhu Rongji, lo cual revela de qué manera los dirigentes chinos interpretan el "compromiso constructivo" con Occidente y con los católicos.

Los exiliados cubanos, con su entusiasta y generosa adhesión a la campaña por la liberación de obispos, sacerdotes y fieles católicos chinos, cumplen con un doble e importante rol: por un lado, apoyan a sus hermanos en la fe, víctimas de la misma ideología "intrínsecamente perversa" que esclaviza a su propia Patria y asfixia a los católicos; y, por otro, contribuyen a tonificar las sanas reacciones de amplios sectores de la opinión pública norteamericana que se oponen tanto a un acercamiento con China comunista cuanto con Cuba castrista.


FIN


Gonzalo Guimaraens
Analista político, experto en asuntos cubanos
Cubdest Servicio de Difusion
cubdest@uol.com.br


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