EL TIEMPO PERDIDO

por Esteban Casañas Lostal


Trato de matar al tiempo antes de que él lo haga conmigo, es una batalla humana donde con frecuencia es necesario retroceder, escuchar al pasado, estudiar sus errores, analizar cuáles fueron sus promesas, y por qué no, dedicarle un breve espacio a su corazón arrepentido. En esos breves paseos que realizo y trato de fortalecer la memoria, es inevitable el impacto que se sufre cuando te encuentras de frente con un pasado angustioso que, muchos tratan justificadamente derrotar y borrar para siempre.

Mi inquietud por sacar del estercolero, lo que otros, voluntaria o involuntariamente, se empeñan en ocultar con hipócritas llamadas a una reconciliación promovida únicamente desde la orilla habitada por las víctimas. No tiene como objetivo promover el odio, creo más bien, sea un propósito más sano, evitar se olviden y se repitan los mismos errores. Resulta ridículo satisfacer las exigencias de los promotores de esas invitaciones a la armonía, cuando en términos muy bien ocultos casi se les pide a las víctimas la solicitud de un perdón a sus victimarios. Caso contrario, no aceptar esas nuevas reglas impuestas en un juego político sucio, donde, no quedan excluidas las sotanas. La parte que no muerde el anzuelo es calificada de intransigente y extremista, pero eso, poco importa a una de las comunidades más atacadas y vilipendiadas en el mundo. ¡Claro! En el concierto de unas naciones que aún insisten en llamarse hermanas.

Matando ese tiempo, me encuentro con un documental que, bien vale la pena dedicarle unos minutos antes de que el tiempo sea verdaderamente ejecutado. Me refiero a una de esas pequeñas y desgarradoras historias que se vivieron en nuestro país en el año ochenta. Para los cubanos no es necesario recordarles cuál fue ese trascendental acontecimiento que viajará por siglos en los capítulos de la historia que algún día se escribirá correctamente y nos dejará marcados para siempre. La dirección donde pueden encontrar ese magnífico testimonio, se las ofrezco al final de este trabajo.

No pretendo realizar comentario alguno sobre ese trabajo, prefiero sean ustedes quienes lo disfruten y arriben a sus propias conclusiones. Sin embargo, no puedo ocultar los deseos de profundizar un poco en él, porque como podrán observar, el mismo solo trata de un testimonio aislado en nuestro país.

¿Cuántos casos como los de esa señora no existieron? Casos desgarradores donde una madre o padre interpusieron su ideología ante los vínculos paternales siempre privilegiados en el seno de la familia cubana. Son miles y mi familia no se encuentra excluida. ¿Quién no tuvo un pariente, amigo o vecino afectado por ese virus que ayudó a destruir la sociedad cubana? Serían contados los casos si la respuesta resultara negativa. Es precisamente a partir de ese momento que, los pilares de nuestra sociedad comienzan a deteriorarse hasta alcanzar niveles nunca experimentados en nuestro país. Madres y padres que condenan y eliminan todo vínculo familiar con aquel hijo cuyo pensar es diferente, la familia se divide. No es necesario apelar a esa división contando solamente a los que un día decidieron partir, allí también están divididos y superan en cantidad a los desterrados, olvidados y hasta condenados por su propia familia.

No fue el Mariel el punto de partida, ni se puede condenar solamente a las madres que han procedido de esa manera. Padres existieron y aún hoy se aferran testarudamente a su fracaso, mientras en las mentes de un alto por ciento de sus hijos vive un solo objetivo, escapar de la pesadilla que les han legado.

Miles fueron las madres cubanas que abandonaron sus hijos por el cumplimiento de misiones internacionalistas, otras miles respondieron a otros llamados que las apartaban de sus hogares, movilizaciones por tiempos prolongados, etc. Sin embargo, la mujer abordada en el presente documental, no es exactamente aquella que se ausentó físicamente de su hogar. Es la mujer que desvió en su ceguera todo el amor que le correspondía a su familia y lo entregó a una causa. Sus declaraciones son una extraña mezcla de arrogancia, hoy enferma y anticuada. Dolor, porque indudablemente y aunque trate de mantenerse firme y convencida, su conciencia de madre no la dejará dormir tranquila. Sus dudas no pueden ocultarse cuando se pregunta, ¿qué pasó? Y luego dice, algo ha fallado, quizás no fue intenso o bueno el trabajo ideológico realizado. Ella se consideraba un soldado de la patria que tenía que estar junto a su pueblo, el mismo pueblo que nunca le devolverá a su hijo, el mismo pueblo capaz de repudiarla si un día manifiesta estar en contra de las líneas trazadas.

Ver hasta el final ese documental y consumir cada palabra de esta madre “revolucionaria”, puede despertar sentimientos variados y contrapuestos. El desprecio es el primero en surgir cuando escuchas de su boca manifestar que, se sentía admirada por la posición asumida en aquel instante. Luego, y cuando una persona se siente verdaderamente orgullosa de ser buen padre o madre, cuando se conocen y comprenden los sacrificios implícitos en esas dos palabras, escuchar esas estúpidas manifestaciones puede hacer brotar un odio desconocido. Al final del documental sientes lástima cuando observas su derrota, pero ese sentimiento pasa fugazmente al escuchar que habían transcurrido trece años y que esa mujer no tenía contacto con su hijo, ni una carta, nada. ¿Qué clase de madre ha sido ella? ¡Dios mío!, ¿hasta dónde llegamos?, ¿hasta dónde? Hasta el punto donde los hijos detestan a sus padres con mucha razón, ellos tienen derecho a pensar y actuar de acuerdo a sus ideas. Necesitan explorar y arribar a sus propias convicciones, ellos desean solo una cosa, ser ellos y no heredar la ideología de sus padres. ¿Por qué negarle el amor?

El tiempo ha pasado, ha sido extenso, un tiempo perdido que nunca podrá ser recuperado. Hoy, escucho con frecuencia la palabra reconciliación, la habrá, no lo dudo. Solo existirá cuando esa madre le pida perdón a su hijo, solo así.


http://z11.invisionfree.com/Basta_de_opresion/index.php?showtopic=2190

Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá.
2006-12-19



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