"COMERCIALES"

por Esteban Casañas Lostal


-Alberto me propuso tirar el cable del satélite desde su casa.

-¿Cuánto va a cobrar?

-Lo mismo de too'el mundo, diez dólares mensuales.

-¿No crees que está un poco caro?

-¡Claro que no! Eso es lo que cobra Rafelito, el del edificio den'frente.

-¿Y él pone el cable?

-Ya te dije que sí.

-Me refiero al alambre, tú sabes que en este país no hay nada.

-Se me olvidó preguntarle, pero debe estar incluido.

-Está caro.

-No sufras eso, nos apretamos un poquito y sacamos la plata para el entretenimiento. ¡Coño! Que no hay quien se dispare a la televisión cubana. En caso de que estemos muy apretaos le pides refuerzo a tu hermana.

-Pa'comida y medicina, ta'bien. Pero pa'rumba no, tú sabes que'lla se despetronca en dos fábricas pa' mandarnos esos chavitos.

-Ese es el mismo lloriqueo de toos los que viven en Miami, pero, ¡pinta la vida que se dan!, no viste la ultima colección de fotos de ese viajecito a Las Bahamas.

-Bueno, la que se rompe el lomo es ella y tiene derecho a descansar.

-Sí, pero nosotros no vamos a dejar de distraernos porque ella esté cansá. ¡La dura es aquí, no allá!

-Te la hubieras jugado en la misma balsa que se fue ella, ¿no te invitó? Aurelio no quiso continuar aquella conversación que siempre tenía el mismo destino recorrido desde el ochenta.

-¿Hablo con Alberto o no?

-Habla con él, pero no hay pedido de aumentos a mi hermana. Inventa algo que nos resuelva la situación. Esa noche, Ñico se puso de acuerdo con Alberto para tender el cable coaxial hasta su apartamento. La gran desventaja de la operación radicaba en la distancia entre ambos, no vivían en la misma escalera. El principal obstáculo a vencer consistía en pasar el mencionado cable por la tubería destinada para esos efectos, y que no existiera obstrucción en el tercer piso, ese era el apartamento de la secretaria de vigilancia del comité. Alberto se había convertido en todo un vendedor profesional de las señales de Dish y Direct Tv, ambos equipos le fueron suministrados por parientes en Miami, quienes asumían los gastos del abono mensual por los servicios. Su negocio funcionaba a toda vela y se le facilitaba por la cercanía de sus clientes, llegaron a sumar once con la nueva inscripción de Juan.

Con mucho sigilo iban penetrando una cinta metálica que poseía una bola del mismo material en la punta, luego de inyectar dentro del tubo unos dos metros y medio de aquella cinta, la misma se detuvo y ambos se miraron al rostro en medio de la oscuridad.

-No te preocupes, ya llegamos a la cajita del apartamento de Luis, yo voy a maniobrar con la cinta, pero en caso de que se resista a continuar su camino, le toco al apartamento.

-No habrá bateo, mira la hora que es y ya Luisito debe estar dormido.

-¿Dormido de qué?, Luisito debe estar jamándose el programa de Laura.

-¿Qué programa es ese? Yo nunca lo he visto.

-Uno que ponen por TeleMundo.

-¡Ahhh! Yo pensaba que lo pasaban por el seis.

-Sigue durmiendo de ese lado.

-¡Coño! Se la tenía bien guardada, y eso que es mi socio.

-¿De qué hablas?

-De nada, sigue en lo tuyo. Alberto se puso un guante en la mano derecha y comenzó unos ligeros movimientos rotativos con la cinta. Los realizaba con maestría y paciencia mientras empujaba suavemente. Durante uno de esos giros, la cinta continuó su descenso y ambos se sintieron aliviados. Tres metros después volvió a detenerse el avance de la cinta.

-¿Y ahora? Casi susurró Ñico y un fuerte vaho a nicotina obligó a Alberto a apartar su rostro.

-¡Coño! Estás fumando más que nunca, tienes el aliento envenenado.

-Toy fumando lo de siempre, pero se nos acabó la pasta dental.

-Ahora está trabada en el apartamento de Aurora, voy a maniobrar para ver si logramos continuar la marcha.

-¿Tú crees que podamos llegar hasta la planta baja antes de que amanezca?

-Vamos a rezar para que no se nos trabe el paraguas, ¿tienes algo importante que hacer mañana?

-Tú sabes que no hay na que hacer nunca, pero es que mañana reparten la jabita en la pincha.

-¿Y te resuelve el problema? Preguntó Alberto como un simple cumplido mientras realizaba la misma rotación a la cinta metálica.

-¡No seas gilberto! ¿Cómo puedes pensar que esas cuatro mierdas nos van a resolver?

-¡Ya bajó la hijaputa! ¡Estírame la cinta! Trata de caminar agachado y no hagas mucho ruido. Ñico tomó el rollo en sus manos y fue reculando despacio en medio de la oscuridad. Evadía todos los cables de las antenas criollas que se encontraban tendidas en la azotea, muchas de ellas sin bigotes. Regresó al lado de Alberto y lo observaba en su quirúrgica operación.

-Ya viene el piso de Fefa, ahora debes tener mucho cuidado.

-Ya sé que estamos en el piso de esa chivata, así que oremos. Terminando de decir aquellas palabras se detuvo el avance de la cinta. -Bueno, ya tú sabes, paciencia y saliva. Alberto se apartó del tubo y se levantó para estirar las piernas.

-No es fácil esta agachadera, eso me recuerda cuando estaba en el Servicio Militar.

-¿Pasaste el Servicio?

-Sí, en el primer llamado. Ni te imaginas lo recontrahijoputas que eran aquellos sargentos.

-¿Cuáles sargentos?

-¡Cojones! Los que nos atendieron en el primer llamado. Eran guajiros de los que bajaron con la gente de la Sierra, recontrabrutos, Alberto.

-¡No jodas!

-¿No jodas? Entre los castigos que nos ponían se encontraba hacer viejitas.

-¿Hacer viejitas?

-¡Sí, compadre! Caminar en cuclillas, agachados como estábamos hace un ratico, ni te imaginas lo que cansa y como duelen las pantorrillas.

-¡Tremendos hijoputas! Bueno, vamos a tratar de bajar la cinta. Se colocó nuevamente el guante y comenzó a rotar la cinta en sentido horario mientras empujaba con suavidad.

-Dicen las malas lenguas que el hijo de Osmara es tuyo.

-¿Y esa trova a qué viene a esta hora? Alberto cambió el sentido de la rotación.

-No sé, es lo que comenzaron a comentar hoy en la cola del pan cuando vieron pasar al chamaco.

-¿Qué comenzaron a comentar, quiénes?

-To'el mundo, Alberto, to'el mundo.

-¿Y tú también?

-Tú sabes que yo no vivía aquí cuando la guerra de Angola. Dicen las malas lenguas que le diste tremendo cuero a esa mulata.

-¡Eso es chisme de la gente!

-¿Chisme? ¡No jodas! El chamaco es tu fotografía, ¿y qué me cuentas de su color?

-Pudo haber heredado el de sus abuelos.

-¿También? Eso a mí no me interesa, pero no me paso con el doble nueve. ¡Además! El dueño de la vaca es el dueño del ternero, y si el patriota es feliz en su granja, ese es su problema.

-¡Jajajajajajaja! Tienes cada ocurrencia.

-¿Ocurrencia? ¡Jamaste carne de primera! Porque fíjate los años que han pasado y todavía la jeva para un tren. ¿Así que el color de los abuelos? A otro con ese cuento.

-El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

-Así mismo es, con el dale al que no te dio que hay en este país, ya nada me sorprende.

-No, ni a mí. Porque no me vas a negar que te jamaste a la mujer del guapo.

-¿A la mujer del guapo?

-Sí, a la jeva del guapo del edificio del frente. Ese día yo andaba tirando un cable y te vi, la próxima vez trata de cerrar la ventana y procura que eso no se comente en la cola del pan, me parece que no la vas a pasar muy bien si el tipo se entera que le arañaste la carrocería.

-¡Asere! Ni se te ocurra soltar esa bola.

-¿Es buen palo?

-¡Es divina! La jeva tiene musiquita, lo que pasa es que el tipo es un comemierda cargado de complejos, ya sabes, no baja al pozo.

-¡Uffff! Eso es foul a las mallas en este país, está condenado al tarro a perpetuidad. Alberto detuvo la rotación de la cinta. -¿Tienes cigarro?

-Pero si tú no fumas.

-Tengo que coger un diez, ese movimiento es agotador y cuando la cinta está profunda pesa una tonelada.

-Te lo tienes que fumar agachado. Ñico buscó en el bolsillo de su camisa y prendió uno para él y luego se lo pasó a Alberto para que encendiera el suyo.

-Hacía rato que no le daba una patada a estas trancas. Esto es un vicio muy caro ahora, ¿te alcanza la plata para mantenerlo?

-Lo compro al menudeo a la gente que trabaja en la fábrica, ya sabes, ellos están luchando lo suyo.

-Todos estamos luchando.

-Pero la lucha tuya es la más limpia.

-Sí, pero también tiene sus riesgos.

-¿Y dónde tienes metida la antena?

-Eso es un secreto.

-Bueno, si no quieres decírmelo no importa. Acuérdate que ahora yo soy otro de los interesados en que no se descubra.

-Tienes razón, te la voy a poner, pero sabes que no puedes alumbrar a nadie.

-¿Dónde la tienes clavada?

-A solo dos metros de ti. Ñico miró a su alrededor tratando de adivinar su presencia en medio de aquella oscuridad, pasado tres minutos se dio por vencido.

-Eres un caballo clavando las cosas, no se puede negar.

-Está dentro de uno de los tanques de agua.

-No te creo, ¿y cómo te la arreglas cuando conectan el motor del agua?

-Es una obra de arte que me hizo Paquito. El agua no entra a ese tanque.

-¿Y el cable? No veo cable por ningún lao.

-El cable baja hasta mi apartamento por una tubería independiente y que se confunde con las otras. El que viene buscando cable no se fijará en las tuberías. Ñico no se sintió muy convencido y se encaramó en las bases de los tanques, destapó el que le había indicado Alberto y no pudo ocultar su asombro..

-Men, esas antenas no caben por la boca del tanque y dudo que alguien pudiera meterse dentro de ellas para confeccionarles las bases y orientarlas.

-¡Asere! Tú quieres saber demasiado, confórmate con la idea de que la persona que lo hizo es un artista.

-¡Oye! No solo un artista, es un cabronísimo de la vida, ese tipo es un fiera.

-Para que estés tranquilo y no preguntes más, el tanque fue cortado a la mitad. Al oír aquellas palabras, Ñico se acercó hasta la pieza y le pasó la mano por la superficie recorriéndola desde el tope hasta el fondo.

-¡Coño, mi hermano! No se puede detectar el fraude a simple vista, el tipo es un caballo, no cabe la menor duda.

-¡Olvida eso y vamos a continuar nuestro trabajo! Alberto apagó la colilla de su cigarro con el pie y se colocó nuevamente el guante derecho. Trataba de rotar aquella cinta mientras no dejaba de ejercer presión sobre ella. Después de repetir la maniobra durante varios minutos y próximo al agotamiento, detuvo los movimientos giratorios y extrajo un metro de la cinta.

-¿Qué haces ahora, por qué la sacas?

- No te preocupes, hay que cambiar la táctica de vez en cuando. Terminando aquellas palabras, ejerció un poco de presión nuevamente y la introdujo realizando la maniobra giratoria. La cinta continuó su descenso y Alberto se detuvo nuevamente.

-¿Qué pasó ahora?

-Nada, ya logramos burlar el apartamento de Fefa. Solo nos queda el de América para llegar al tuyo.

-Con ella no hay líos, si se traba tú me avisas y yo bajo para arreglar el asunto.

-¡Negativo, men!

-¡Asere! Esa jeva es mi socia y puedo asegurarte que es un hombre.

-Lo siento consorte, la jeva será entera, pero está jamando con el hijo de Guzmán y el chama es trompeta. En estos negocios hay que tomar sus medidas.

-¡Ño! De verdad que me desayuno con esa trova.

-Así es la vida, tú no estás en na. Pero eso no quiere decir que los otros no lo estén y en la cama se habla todo.

-No, no, si es así retiro lo dicho, aquí no se ha hablado nada de ese punto. Alberto continuó empujando la cinta y se percató de que había introducido más de tres metros de ella.

-Ahora baja a tu apartamento, ya pasamos el apartamento de América. Cuando lo tengas en tu cajita, saca un metro fuera de ella y sale para que me hagas una seña..

-¿Qué seña?

-No sé, arráscate los huevos, algo para que la gente no se lleve el pase. Ni se te ocurra mirar pa’la azotea. Después de esa señal, calcula unos quince minutos y comienza a tirar de la cinta, yo empataré el cable a ella. Bien, trata de sacar dos pies fuera de la cajita solamente. Vuelves a salir, y luego, arráscate el culo, esa es la señal de que debo bajar para establecer la comunicación. Alberto lo siguió con la vista hasta que bajó lentamente la tapa metálica de la escalera y se mantuvo sentado durante un rato prudente mirando las estrellas. Cambió su mirada hacia el mar y solo descubrió las luces de tres embarcaciones, no pudo identificar si se movían hacia el puerto de La Habana o partían de él. Cojímar se encontraba oculto por un apagón y por las nubes podía identificar los destellos del faro del Morro. Cuando supuso haber transcurrido diez minutos, se recostó al pretil de la azotea esperando apareciera la figura de Ñico.

-¡Pásame un perchero! Le dijo Ñico a su esposa tratando de borrar aquella molesta imagen de perro guardián a su espalda.

-¿Un perchero, para qué? Le preguntó algo enojada y sin voluntad de abandonar aquella posición.

-No será para colgar ropa, lo necesito para hacer un ganchito y poder sacar la cinta de la cajita, está trabada.

-Pero no podemos darnos el lujo de utilizar un perchero para eso, ¿no se te ocurre otra cosa?

-Sí, tráeme una pinza.

-¿Una pinza? Nosotros no tenemos pinza en la casa.

-Entonces no jodas protestando tanto y acaba de traer el cabrón perchero. Margarita se dirigió al cuarto seguida de su habitual estela de protestas. Minutos después, Ñico estiraba el alambre y le daba forma de gancho en la punta. Lo introdujo en el orificio cuadrado practicado en la pared y después de varias maniobras, tuvo la cinta en sus manos ante la mirada atenta de su mujer.

-Tengo que salir para arrascarme los huevos. Le dijo a Margarita mientras se apartaba del mueble del televisor.

-¿Y desde cuando tienes que salir para arrascarte los huevos, tienes ladillas?

-¡Qué ladillas ni un carajo! Es una contraseña.

-¡Vaya manera de establecer una comunicación!

-Eso a ti no te importa y te dejo, debo salir para arrascarme los huevos, ¿queda algo de café en el jarrito?

-Si te tomaste el que hice esta mañana, olvídalo, queda una sola colada para amanecer. Ñico se dirigió hasta la cocina y observó al interior del jarrito. Se lo llevó a los labios y aspiró profundamente, no conforme con su acción, sacó la lengua y la frotó por la parte interior del jarrito hasta donde fue posible. Encendió un cigarro y se dirigió a la puerta de salida de su apartamento.

-¿Quieres darte un paletazo? Le dijo Chichi con el brazo extendido, entre sus dedos sostenía una latica de leche condensada que utilizaba como jarro. Se encontraba sentada al lado de Muma en los escalones del primer descanso de la escalera, la negra tenía los ojos inflamados de llorar.

-¿Y eso qué es? Preguntó mientras tomaba la latica en sus manos.

-¿Qué va a ser? Parece que tienes mala memoria. No pensarás que es brandy. Respondió Chichi mientras Muma trataba de permanecer ajena.

-De truco meterse un trago de Chispa’e’tren con el estómago vacío, ustedes están alcoholizadas.

-Sí, y tú te estás volviendo muy fino. ¡Agarra y no jodas! Ñico hizo una mueca espantosa cuando se dio el primer trago.

-¿A quién carajo le compraron este rifle?

-Al mismo, a Barceló, el marinero que vive en el edificio al lado del policlínico.

-¡Ñooo! No sé que le habrá pasado al socio, él es el mejor productor que existe en la zona.

-Va y fue por la curda que tenía hoy.

-No lo creo, él siempre anda enganchado y la calidad del producto no baja. Voy a comentarle mañana cuando lo vea.

-¡Suénate otro cañangazo! El primero es el malo, los demás bajan con facilidad. Alberto se inquietaba, el tiempo pasaba y no veía aparecer la figura de Ñico.

-¿Y qué le pasa a mi negra? Le preguntó Ñico a Chichi mientras señalaba a Muma.

-¡Na! Lo mismo de lo mismo, el marido volvió a sonarla otra vez. Le contestó mientras le pasaba cariñosamente la mano por las rebeldes pasas.

-¡Coño! Pero es que no escarmienta, no es fácil asimilar los golpes de ese animal que fue medallista de bronce en Moscú.

-Cuando yo lo digo, por el poder de asimilación que tiene Muma, debería dedicarse al boxeo como su marido.

-Y que no es cuento, Muma asimila mucho más que Sixto Soria. ¡Dame acá el jarrito pa’sonarme otro cuerazo! Chichi extendió nuevamente el brazo y esta vez Ñico no repitió la mueca.

-¡Te lo dije! El primero es el malo, los demás bajan solitos. Ñico le devolvió la latica a Chichi y ella volvió a llenarlo de la botella que tenía magistralmente sostenida entre los dos pies. Se escuchó accionar el llavín de la puerta del apartamento de Ñico y todos guardaron silencio. El rostro de Margarita no era de buenos amigos.

-¿Y no, que te ibas a arrascar los huevos? Casi le gritó furiosa al marido y ambas mujeres coincidieron en continuar su silencio. Ñico no sabía qué responder, se quitó la gorra y comenzó a arrascarse los pocos pelos que le quedaban en la cabeza.

-¡La cabeza, no! Tienes que arrascarte los huevos. Casi le ordenó su mujer ante las miradas sorprendidas de Chichi y Muma. ¿No saliste para eso?

-¡Ñooo! Muma, este tipo está más jodío que tú. Lo tuyo es por curda, pero lo de Ñico es por picazón en los huevos.

-¡De truco! Que no me dejen curdar en la casa está bien, ¡vaya!, es como si me estuvieran cuidando la salud. ¡Pero coño! Que no te dejen arrascar los huevos dentro de la casa es algo serio, esta mujer es una dictadora. Por eso le pegan los tarros a tantas mujeres. Intervino Muma luego de romper su mutismo.

-Nadie le ha prohibido que se rasque los huevos dentro de la casa. Contestó Margarita muy malhumorada.

-A lo mejor es una medida de seguridad, va y Ñico agarró ladillas en sus viajes diarios dentro del Camello.

Intervino Chichi tratando de aliviar la tensión creada en el ambiente desde la aparición de Margarita.

-¡Que no tiene ladilla ni un carajo! Me dijo que saldría a rascarse los huevos fuera del apartamento y se los tiene que arrascar.

-Bueno Ñico, en ese caso debes obedecer a tu mujer. Si la cuestión es de arrascarse, no tengas penas por nosotras. Ñico salió del cajón de la escalera y se agarró un enorme bulto con la mano izquierda y comenzó a rascarse en presencia de las tres mujeres.

Y a este maricón, ¿qué cojones le pasa? Comentó bien bajito Alberto desde la azotea cuando daba señales de comenzar a perder la paciencia. ¡Qué no joda! Todavía lo castigo a ver eternamente la Mesa Redonda. Después de concluida aquella extraña maniobra, Ñico se dirigió a la puerta de su apartamento sin despedirse de ambas amigas. Margarita concluyó aquel encuentro con un fuerte tirón de puerta. Quince minutos después se abría nuevamente la puerta del apartamento de Ñico. Chichi extendió nuevamente su brazo con la latica entre las manos.

-¿Tienes necesidad de arrascarte nuevamente los huevos? Le preguntó mientras el hombre se sonaba otro cañangazo.

-Si supieras, ahora me pica el culo.

-Pues arráscate, coño. No hay nada peor que tener deseos reprimidos, y con esa mujercita que te mandas… No pudo concluir su frase, en esos momentos apareció la figura de Margarita en la puerta.

-¿Te arrascas el culo o no? Reinó el silencio y Ñico la observó con un poco de desprecio.

-¿Cuál es el apuro? Me lo arrasco si me da la gana. Respondió con exceso e inusual virilidad.

-Que te lo tienes que arrascar y entrar a la casa. Ordenó su mujer y él recobró la memoria. Salió nuevamente del cajón de la escalera y asumió una posición algo escandalosa. Casi en cuatro patas se frotó el culo con rabia.

-¿Y este tipo ahora? ¿Será maricón? Déjame bajar y concluir este asunto, creo que es el peor negocio que he realizado en mi vida. Muma y Chicha lo observaban extrañadas.

-Muma, hay que preguntarle a Barceló qué carajo le está echando a la chispa’etrén.

- Ta rarito el tipo, va y se le escapó la veta con los dos traguitos. Margarita esperó hasta concluida la trasmisión de la contraseña y dio por concluida su participación con otro tirón de puertas.

- ¡Asere! Mira que te demoraste en la arrancadera de huevos. Le dijo Alberto cuando estuvo dentro del apartamento de Ñico.

-¡Na! Estaban Muma y la Chichi echándose un rifle en la escalera.

- Sí, pero el curralo es el curralo. Estuve a punto de cancelarte la suscripción. Muy bien, el muerto delante y la gritería detrás. Ya sabes, los diez fulas que tú conoces y hoy estamos a quince. Si el quince del mes que viene no abonas los otros diez fulantros, ese mismo día se te cae la señal. ¿De acuerdo? Margarita se dirigió al cuarto y salió con el billete en la mano. Dos minutos después, Alberto les conectó el cable a una cajita que tenía un interruptor de dos posiciones y entradas.

- Si notan que algún extraño les toca la puerta, mueven el interruptor hacia esta posición y tendrán la señal de su antena, aquí les entrarán los canales nacionales solamente. Cuando no haya peligro, ponen el interruptor a la posición contraria y les entrará el canal del satélite, traten de ponerlo con poco volumen. Mañana les entrego la programación de la semana. Al cerrarse la puerta y una vez solos, Margarita le ordenó a Ñico que subiera un poco el volumen, ambos se sentaron en el sofá con la vista fija en la pantalla del televisor.

- Hongo Sam es hongo man, con una potente fórmula elaborada para combatir los hongos de la piel y las uñas de los pies y las manos. Hongo Sam es capáz de destruir todas las bacterias que se producen con la humedad……. Y ahora… Cuando usted adquiere un frasco de Hongo Sam, nosotros les enviamos gratuitamente la fórmula poderosa que es capaz de destruir todos los hongos en menos de una semana…..

- ¡Qué asco! No sé como pueden poner esos comerciales por televisión, ¿Te lo imaginas a la hora de la comida? Protestó Margarita.

- Está duro, pero ya sabes, hay libertad de expresión. Contestó Ñico sin fijar la vista en la pantalla.

-Como quiera que sea, es una asquerosidad.

-Sí que lo es, pero va y es buen producto. ¡Mira! Tu hermana Angustia tiene las patas podridas, muy bien pudieras encargarle un pomito a tu gente de Miami. Margarita prefirió no contestarle, sabía el desprecio que sentía su marido por su hermana y fijó su mirada en la pantalla del televisor.

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-Qué coño me estás mirando?

-Que pensándolo bien, voy a hacerle una listica a mi hermana de las medicinas que nos hacen falta, creo que PeneMax te viene de perillas.

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-¿Qué coño me estás mirando?

-¡Ahhh! ¿Y no tienes las tetas caídas? Deberías encargarle un tanque de esas pastillas a tu hermana de Miami.

-Pero eso es un lujo.

-No es ningún lujo, dile a ella que estás a punto de perder el marido y verás cómo la conmueves.

-La voy a agregar a la lista.

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-¿Qué coño me estás mirando?

-¿Y no te estás quedando calvo? Hasta los pelos de los huevos se te han caído. Le voy a encargar un tanque de ese champú a mi hermana.

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-¿Qué coño me estás mirando?

-¡Nada, nada! Tú no eres un elefantito. Yo creo que debes encargárselo a tu hermanita de Miami.

-¿Tú crees? Voy a ponerlo en la listica.

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-¿Qué coño me miras?

-¡No! Si no te estoy mirando a ti, yo creo que eso es lo que le están inyectando al caballo. ¿Viste para cuántas cosas sirve esa medicina?

-Yo creo que debes agregarla a la listica porsia. Nadie sabe si la tenemos que usar mañana.

-No es mala idea, la voy a incluir. TOC, TOC, TOC. Unos fuertes toques se sintieron en la puerta de la casa.

-¡Baja el volumen, coño! Ordenó Ñico muy asustado.

-Mejor apagarlo. ¡Fíjate quién es por la mirilla de la puerta! Le contestó Margarita y su marido pegó rasante su ojo al huequito practicado en la puerta.

-¡Cojones! Es Fefa, estamos embarcados. Dijo entre susurros y Margarita fue invadida por un temblor que le recorrió todo el cuerpo.

-¡Abrele a ver que quiere esa singá! Ñico la obeció.

-¡Buenas noches, Ñico! Tengo un dolor de cabeza insoportable, to’el mundo está durmiendo, pero como vi luces por las rendijas de las persianas supuse que ustedes estaban despiertos. ¿Tienen alguna aspirina a manos?

-Margarita, ¿tienes alguna aspirina a manos?

-No lo creo Ñico, dile a Fefa que lo sentimos mucho, el bloqueo es implacable.

-¿Están tratando de agarrar los canales americanos?

-No podemos, Fefa. Solo tenemos un perchero como antena. Ñico le cerró la puerta.

-Aquí tenemos la lista, mañana se la paso por teléfono.


Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá
2006-09-18

Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido. Jalil Gibrán

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