QUE DIFICIL ES LIMPIARSE EN EL SOCIALISMO

por Esteban Casañas Lostal.


Levantarse, tomar un poco de café, encender el televisor en busca de noticias y voilá, encontrarse frente a la tísica imagen de Zapatero. Cambiar de canal y la detestable imagen de Chávez con su exhibición de muecas e incoherencias, un público que aplaude y ríe con boinitas rojas, ya ese escenario me resulta familiar. Cambio y me enfrento a Evo protestando por la negación de la visa americana a una cocalera. Se detienen en Bolivia y dicen que estudian la posibilidad de incluir le consumo de la hoja de coca en el desayuno escolar, ¿será hasta los siete años? Los argentinos protestando por la industria de papel que construyen los uruguayos en el siguiente canal. Apago, no estoy para tanta mierda, ¿mierda?, estoy sucio por gusanear.

¿Estoy sucio?, ¿qué cubano no recuerda esa expresión? Sucio por cualquier cosa, por no hacer una guardia, por no asistir a una reunión, por no participar en una marcha, en círculos de estudios. Por no asistir a un trabajo voluntario del CDR, de la CTC, del PCC, de la UJC, de la FMC, de los pioneros, del consejo de padres de una escuela, de la madre de los tomates. ¿Y luego? Ese cargo de conciencia que nos persigue por todos lados. ¡Tengo que limpiarme coño! Tengo que hacerlo para ganarme un frigidaire, un televisor, una semana en un campismo, una lavadora Aurika. ¡Ño! Pero la lavadora es tremenda mierda, hace mucho ruido y se jode rápido porque el motor es de cincuenta ciclos. ¡No importa! Cuando se joda mando a enrollar el motor y lo convierto en un ventilador. ¡Tengo que limpiarme!

No es fácil, no es sencillo limpiarse en el socialismo. Hay que integrarse, participar en todas las actividades pa’que te vea el secretario del partido, el de la CTC, la presidenta del CDR, el secretario de la UJC, la presidenta de la FMC, el de los pioneros, el del consejo de padres. ¡Carajo! Hay que meterse en las emeteté y marchar con todos esos viejos cagalitrozos un día de la semana y un domingo de cada mes. No es fácil limpiarse en el socialismo, hay que andar derechito.

¿Hay que limpiarse? ¿Con qué? ¡Ño! Creo que me fui de la banda de frecuencias, eso me pasa por estar gusaneando. ¿Y qué? Si Zapatero, Chávez, Evo y Castro se la pasan hablando como papagayos, ¿hablando o cagando?, nosotros podemos hacerlo también. ¿Y por qué no? Hasta eso es difícil de limpiárselo en el socialismo, y esa es una experiencia más que podemos trasmitirles a nuestros hermanos latinoamericanos. ¿Una vulgaridad? ¡Ah sí! Pero tenemos que hacerla a diario. ¡Y créannos! Nosotros los cubanos somos grandes expertos en la materia.

Ya que estamos hablando de esas cosas, me vienen a la mente todos aquellos baños públicos con un clavito del cual pendía toda una variada gama de información. Allí te podías encontrar con editoriales del Granma, de Juventud Rebelde, Trabajadores, Bohemia, Verde Olivo, etc. Mientras realizabas esa tan humana labor, podías consumir noticias viejas, actualizarte sobre la distribución de la manteca, una gira realizada por Alicia Alonso, y lo mejor de todo, podías saber cuándo te tocaba un apagón. No pueden negarme que tiene sus encantos. ¿Y luego? Bueno, te podías limpiar con la noticia que más te disgustara. ¡Señores! Esa era una manera de hacer contrarrevolución.

¡Y que no es cuento! Porque esa dificultad no era exclusiva de Cuba, por eso digo del socialismo. Me llega a la mente aquel viaje que hicimos a Corea del Norte para cargar la fuentecita que hoy reposa frente al estadio panamericano, la de los muñequitos, esa la transporté yo. ¡Ño! Pasamos un hambre en aquel país que no se lo deseo a nadie. Pues ná, estoy una mañana despachando con el capitán del buque y llega un individuo vestido de uniforme, no era militar, era coreano, todos se vestían igual. Pues el tipo llegó con cara de pocos amigos y puso sobre el buró del capitán un pedazo de periódico cagado. ¡Cagado señores! Tenía la huella de una raja descomunal. El master se asustó y me miró sin poder ocultar su miedo. Le respondí aquella inquisitoria mirada y con los ojos le respondí con una sola palabra, ¡Asere, eso es mierda! Pa’qué les cuento, aquel coreano estaba rojo como un tomate y a punto de sufrir un infarto.

-Capitán, sepa usted que si no me lo llevo preso en estos momentos, es por consideración a que ustedes vienen de un país socialista y son nuestros hermanos. Dijo aquel individuo en esa extraña lengua que simulaba ser inglés.

-No lo comprendo, camarada. Respondió el capitán y por poco me orino de la risa al escuchar ese ‘camarada” salir de su boca.

-Pues tómelo como una advertencia, la próxima vez que yo inspeccione la basura del buque y me encuentre que se han limpiado con la imagen de nuestro venerado líder Kim Il Sung, me olvidaré de los lazos de amistad que existen entre nuestros países y lo conduciré a la cárcel por contrarrevolucionario. El tipo no se despidió, giró sobre sus talones y abandonó el recinto con toda su carga de enojos dejando el pedazo de periódico sobre el buró. El capi cerró la puerta y movidos por la curiosidad nos acercamos al papel.

-¡Asere, se han limpiado el culo con el camarada Kim! Le dije muerto de la risa.

-¡Oye! Esto es un asunto serio, deja la jodedera y reúne a la tripulación en el comedor. Pocos segundos después y utilizando el intercomunicador de su oficina, comuniqué la orden del master.

-Compañeros, queda terminantemente prohibido limpiarse el culo con la imagen del camarada Kim Il Sung. Fue muy escueto y preciso nuestro capitán a la hora de imponer esa importantísima orden.

-¿Y con qué nos limpiamos?, se acabó las reservas del Granma que trajo la embajada, se acabaron las libretas disponibles para las clases de secundaria. Fueron algunos de los planteamientos de la marinería.

-¡Vamos a meterle mano a la biblioteca! Gritó uno desde el fondo del comedor.

-¡Eso nunca! Eso es un atentado contra la cultura, eso es desviación ideológica, eso es contrarrevolución. Exclamó el político de abordo al ver que atacarían sus herramientas de trabajo.

-Bueno, ¿y con qué nos limpiamos?, ¿y con qué se secan las compañeras camareras cuando hagan pipí? Tres horas duró aquella asamblea relámpago para analizar la situación y encontrar una solución a una misma pregunta, ¿cómo nos limpiamos el culo?

-¡Con agua coño! Como hacen los árabes. Parece mentira que estemos cuestionando a la revolución por un pedacito de papel. Cuando estábamos en la Sierra nos limpiábamos con hojas de Yagruma, muchas veces cagábamos de noche en medio de un combate y nos limpiábamos con hojas de ortiga o picapica. Nunca nos quejábamos, aquello levantaba el espíritu combativo y patriótico de la tropa, sabíamos que el culo nos ardía, pero siempre pensábamos en el futuro de la patria, eso que disfrutamos hoy. Aquellas palabras expresadas por Mongo Karate, ex combatiente de la Sierra, sirvieron de aliento a toda la tripulación y como conclusión a tan disparatada asamblea. En nuestras conciencias solo existió una meta a partir de entonces, limpiarnos el culo con agua como los hermanos árabes y evitar una confrontación política con los hermanos de Corea.

Tomando como punto de referencia toda nuestra experiencia en este campo, y que como es de suponer, deseo trasmitir a mis hermanos latinoamericanos, me tomo la libertad de hacerles algunas recomendaciones. Por ejemplo, cuando comiencen a publicar periódicos similares al Granma, Juventud, Rebelde, Trabajadores, etc. Nunca los echen a la basura, esa misma medida debe aplicarse a todas las revistas de consumo nacional. Observarán que la calidad del papel es similar en todas esas publicaciones porque el propietario es el gobierno. Sentirán un poco áspero el papel en los primeros tiempos, no se preocupen, el culo tomará conciencia. Las revistas que se publican para la exportación o consumo de extranjeros es de papel brillante, ese no sirve, aún así, no lo echen a la basura, sirve para casos de emergencias como los que imponen un “período especial”. Si existe la posibilidad de inscribirse en alguna publicación de origen capitalista y, que no constituya el delito de vincularse con el enemigo, o sea, que sea autorizada por el régimen de turno, trate de hacer esa suscripción. Se los digo por experiencia propia, yo recibía en la isla “Carta de España” y qué les cuento, todo un privilegio limpiarse con aquel papel fino que le dábamos un uso más importante. Por ejemplo, cuando comience a escasear los cigarros, sirve para preparar “Tupamaros”. Guarde todas las colillas que no se pueda fumar cuando sienta que le quema la bemba, y con la picadura de esos cabos puede hacer un nuevo cigarrillo. Saben a mierda, pero aliviará la demanda de sus pulmones.

En fin, y para no alargar más este trabajo, les cuento que, cuando traje a mi familia de Cuba, les compraba el papel sanitario en la tienda del dólar. Era un lujo para ellas, una novedad, una pila de rollos que no tenían nombre. ¡Claro! Comparándolo con el Granma o Juventud Rebelde yo tenía toda la razón del mundo. Pero el tiempo ha pasado y los capitalistas son unos hijoputas que envuelven a cualquiera, te absorben en su sociedad de consumo. Todo marchaba bien y nunca protestaron hasta que probaron un papel de calidad superior. Ahora, cada vez que vamos al mercado tenemos bronca, que si el Charmin, que si el Swan, que si el Bounty, que si patatín y patatán. ¡Nada! Que ya no se quieren limpiar con el papel de la tienda del dólar y compran paquetes de veinticuatro rollos. No se puede negar, los capitalistas son unos degenerados con buen gusto. No solo hacen cosas buenas, hasta le ponen nombres bonitos, te enmarañan. ¡Ná! Que no suena igual, se imaginan un rollo de papel que se llame “Patria o Muerte” como las cuchillitas de afeitar. Ni para ponerles nombres tienen buen gusto, el asunto es que hasta yo me he enviciado. ¡Y créanme! Muchas veces me ha salido de lo más profundo del alma repetirles aquellas palabras de Mongo Karate.

-¡Con agua coño! Como hacen los árabes. Parece mentira que estemos cuestionando a la revolución por un pedacito de papel. Cuando estábamos en la Sierra nos limpiábamos con hojas de Yagruma, muchas veces cagábamos de noche en medio de un combate y nos limpiábamos con hojas de ortiga o picapica. Nunca nos quejábamos, aquello levantaba el espíritu combativo y patriótico de la tropa, sabíamos que el culo nos ardía, pero siempre pensábamos en el futuro de la patria, eso que disfrutamos hoy.

Pero no, yo no combatí en la Sierra, no soy árabe. ¡Ño! Que difícil es limpiarse el culo en el socialismo, y comer, y trabajar, y andar, y pensar, y fumar, y vestirse, y estudiar lo que a uno le de la gana, y hablar. Estoy sucio, no me puedo limpiar.


Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá
2006-02-27


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