«¿ YA PASÓ LA CARRETA DE LAS 6 ?»

Esteban Casañas Lostal

No me imagino parado en la esquina de Mayía y Luis Estévez, esperando el paso de una carreta que se dirija hasta el puerto. Menos aún viajando desde Alamar montado en otra diligencia con el mismo destino, pero nada de eso me asombra, de Cuba se puede esperar cualquier cosa.

Leo con esa mezcla de tristeza y asombro una noticia en La Nueva Cuba, se lleva adelante un proyecto en la isla para el desarrollo del transporte de tracción animal. Es bueno destacar que esa noticia, tiene como origen una propuesta llevada a cabo en la Primera Cumbre de la Tierra realizada hace muy poco en Río de Janeiro. Vale destacar también, que dicho experimento cuenta con el apoyo de programas existentes en las Naciones Unidas.

Hasta aquí todo muy lindo, suena a deseos internacionales en busca de protección al medio ambiente, y conservar nuestra tierra para el futuro de la humanidad. Muy bello si se observa desde este punto de vista, y como siempre, ¿qué mejor lugar se puede seleccionar para dichos experimentos? ¡Cuba! Gritarán muchos de los participantes, no existe mejor terreno que ese infinito laboratorio para realizar cualquier experimento. Es buen lugar, contará con la incondicional promoción de su prensa y el apoyo de su gobierno, no podemos dudar de ello. Ya veremos a partir de ahora caballos en cada noticiero, mesas redondas y ocupando todas las planas de la prensa escrita en el país. De esa manera tan sencilla se garantizará otra entrada adicional de divisas tan necesarias a la isla, y como siempre, los representantes de las organizaciones internacionales quedarán complacidos de su inversión en el país. Esos dólares provenientes de la ONU, servirán una vez más para burlar el cruel bloqueo sufrido por la isla. Se podrán comprar arreos, herraduras, bozales, ruedas para las carretas, ¿y por qué no?, algún efecto electrodoméstico para los caballos que resulten vanguardias en la emulación nacional.

Son inconcebibles los extremos hasta donde ha sido conducido nuestro país, pero tratemos de enmascararlos con simples campañas internacionales para proteger el medio ambiente. Sin embargo, creo que se hace imprescindible repetir lo mismo y hacer otro breve recuento sobre el transporte en Cuba.

Para nadie es secreto y hoy se ufanan de mostrar al turista, toda una colección de autos sobrevivientes a casi medio siglo de “revolución” en el poder. Carros con certificados de nacimientos más viejos que la edad promedio de la mayoría de los habitantes. Vehículos que llegaron hasta nuestros días, gracias al cuidado e inventiva de los cubanos, de los cubanos digo y los aparto del gobierno. Muchas de esas reliquias han sido vendidas a personas adineradas del exterior, de la misma manera que se han escapado del país muchas obras de arte que pertenecieron a nuestro patrimonio. No olvidar las tiendas del indio, donde se cambiaban esos objetos valiosos por tarecos de marcas desconocidas.

¿Por qué toda esa arenga como introducción? Solo para demostrar la incapacidad de ese régimen en mantener cualquier cosa que hubiera significado un logro. ¡Hablemos de transporte entonces! Claro que sí, contrario a todos los argumentos expuestos durante estos últimos años, culpando a la crueldad del “supuesto bloqueo”. Plegaria vigente y utilizada como justificación a la demoledora actividad revolucionaria. Los medios de propaganda castrista, tratan de culpar al imperialismo en su afán por opacar el verdadero desinterés gubernamental en la solución de los problemas que, siempre han aquejado a la población durante este casi medio siglo.

Contrario a todos esos argumentos justificatorios, Cuba importó durante mucho tiempo equipos originarios de varios países desarrollados y del desaparecido Campo Socialista. Vale destacar que los efectos de la inmediata ruptura en esas relaciones económicas con los gigantes del norte, se hicieron sentir con fuerza a partir del año 61. Fue entonces que aparecen por primera vez en nuestras calles, ómnibus de procedencia china, checa, rusa y húngaras. Equipos de muy malas calidades y endebles a los embates de nuestro clima y demanda en una capital que, siempre dependió y disfrutó de un excelente servicio de transporte, resistió muy poco la carga de nuestra población.

En fechas posteriores que muy bien pudiera ubicarse en los finales de la década de los sesenta, arriba un gran lote de ómnibus Leyland y piezas de repuestos para los viejos equipos circulando por la capital. Se observó una mejoría notable en nuestro servicio de transporte, vale recordar que junto a ese lote, arribaron también guaguas para el servicio de transporte interprovincial. Muy poco tiempo después se importaban ómnibus Pegaso de procedencia española. Al parecer, y gracias al subsidio que se recibía del desaparecido campo socialista, Cuba podía obtener créditos internacionales y gozaba de prestigio como buen pagador. El transporte cubano se vio crecer con la importación de ómnibus Hino de procedencia japonesa, y gran parte de esos equipos serían destinados a capitales de provincias. Puede hablarse entonces de un período de tiempo durante el cual la crisis había disminuido, y se podía viajar por la isla con relativa facilidad. Luego, el gobierno cubano adquirió chasis de ómnibus Hino para ser ensamblados en la isla, pero al parecer, aquel contrato cayó porque parte de esos equipos fueron desviados hacia Nicaragua y Angola.

En fin, Cuba se dio el lujo de adquirir cuanto equipo deseó en el resto del área capitalista que no fuera los EU, y pudo comprar equipos de marcas americanas. Nadie puede olvidar la invasión de autos marca Ford y Chevrolet comprados en Argentina, país del que arribaran camiones de las mencionadas marcas y coches de pasaje ferroviario Fiat. Compraron camiones Berliet, Pegaso, Hino, Leyland y Ebro de alta tecnología. Pudieron adquirir autos, vanes y ambulancias Alfa Romeo en cantidades industriales que saturaron nuestras calles. Todo esto es sin contar el flujo imparable de vehículos adquiridos en Checoslovaquia, Rusia, Polonia, Rumanía, Alemania y Hungría.

El último gran golpe a la crisis de transporte ocurrió con la compra de chasis y piezas para el montaje en la isla de ómnibus Ikarus. Debe sumarse también que, paralelo a esas importaciones, no existía un solo barco en arribar con tractores y otros equipos rodantes del campo socialista. Este comercio se mantuvo con fluidez hasta la caída del bloque, y era de suponer que se contara con un stock de piezas para casos de emergencias, algo que al parecer nunca existió y a solo pocas semanas de la caída de ese bloque, se hizo presente la peor crisis de la historia.

Creo sin temor a equivocarme que, la isla importó una cantidad tal de equipos de transporte, suficientes para que cada ciudadano tuviera parqueado frente a su casa uno o dos de ellos. Retomando las palabras que sirvieron de premisa a este análisis, ¿cómo es posible que un simple ciudadano, pueda mantener su equipo trabajando allí, donde nunca le vendieran piezas de repuesto? Las respuestas serían muy variadas, pero la que más se ajusta a nuestras realidades es una sola, el sistema ha sido, es y será incompetente mientras no se le dé participación a la iniciativa privada, y mientras no existan incentivos que estimulen al trabajador.

El sistema de transporte en muchos países capitalistas es propiedad del gobierno, ejemplo de ello es comprobable en los mismos EU y Canadá, en este último país funciona con una eficiencia cronométrica. Entonces, se aplica la variante de los incentivos a los trabajadores, hablemos solamente de los salarios adquiridos por los choferes de esos vehículos y de todo el personal de mantenimiento.

Paralelo a todas esas compras desarrolladas por el Ministerio de Transporte, se desarrollaron las flotas aéreas, una de las flotas mercantes de mayor tonelaje en el continente e igual podemos decir de la flota pesquera. Ambas contaron con naves modernas y en todos los casos se abrieron fuentes de trabajo para miles de trabajadores. ¿Qué pasó? Todo se vino abajo como un juego de naipes con la caída del bloque, yo diría que mucho antes se sufrieron los efectos de esa mala administración del erario público en manos de un solo loco. ¡Las guerras señores! Ya la economía cubana se tambaleaba antes de la caída del campo socialista por las locuras del comandante en jefe. Lo demás es agua corrida y todos la conocen, regresan los lloriqueos y lamentaciones por un bloqueo que nunca ha existido. Hay que agregar entre las causas importantes que condujeron a esa debacle, la ineficiencia de los órganos administrativos junto a esa crápula corrupta de dirigentes, y al infranqueable aparato burocrático donde nadie puede tomar decisiones importantes.

Me imagino que hoy, la mayoría de los zurdos pensantes vean con simpatía este nuevo proyecto del transporte por tracción animal. Lo mismo se habló cuando introdujeron millones de bicicletas chinas en la isla, que todo sea en bien de conservar la flora y la fauna. Tratemos de entretener al mundo para que no se de cuenta de las verdaderas causas de los problemas existentes en la isla.

La vida seguirá igual, así reza en una canción, todo se repetirá hasta la redundancia, porque allí no ocurre nada nuevo, todo envejece y muere. Cansarán y nos cansaremos de escribir lo mismo sobre lo mismo, ellos expondrán sus “verdades” y aquí estamos nosotros para desmentirlos, los que no necesitamos un libreto de historia adulterada, los que la vivimos. Dentro de poco veremos a los socios del barrio preguntando en las paradas de ese transporte; ¡Asere! ¿Ya pasó la carreta de las 6?

FIN


Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá.
2004-08-09



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