Carta anónima sobre "Natumaleza Cubana" y respuesta de su autor

por Carlos Wotzkow


La Habana, Cuba
Isla de Bernalda Alba

Atentamente al autor de un "libro-bomba."

Primero: quiero decirle que su libro indudablemente me llegó por cansancio, hambruna y otras decepciones del personal de correo encargado de poner valladares a libertinajes de opinión. ¡No fue abierto el sobre, como es usual!

Segundo: que desoyendo a familiares y amigos que me aconsejaron no diseminarlo o distribuirlo, porque de recibirlo, no soy culpable, pero de propagarlo, sí; pues está dando la vuelta a la isla en 80 días.

Tercero: que para mí, que no soy amante de las ciencias, sino de las letras, le he encontrado como principal valor la denuncia por parte suya, y el descubrimiento por parte del lector, de algo que no sé cómo llamar, quizás: jovencidio, cientificidio, investiguicidio, en fin, el horrendo crímen de cortar las alas a un jóven que quiso aprender, estudiar, investigar, cuidar la naturaleza, aportar, crear, resolver, enseñar, educar, y todo esto a manos y en aras de: la ignorancia más atroz, la vejez fosilizada y cómplice y la envidia, que como bien dijo Felix Varela "camina en zancos", porque los que la padecen son tan enanos, que de otra manera no se dejarían notar, porque nada son, excepto, envidiosos e incapaces.

Cuarto: que de ese homicidio que con usted pretendieron hacer a pasado su persona al suicidio, porque no otra cosa se busca quien desenmascara poderosos, no por su sabiduría, sino precisamente por su poder, y hay poderes que se dedican a crear tentáculos que alcanzan, no importa a qué distancia, a sus enemigos, que no son más que los que esgrimen verdades irrefutables.

Quinto: que si no fuera porque no quiero demostrarle mis impresiones y opiniones me gustaría hacer una lista de "batmen" (con perdón de los murciélagos) a quienes usted les arrancó la máscara y enterarme después cómo reaccionan hacia su persona en un futuro. Hágalo usted, si no, y divídala en dos columnas: nacionales y extranjeros.

Sexto: el libro es muy ameno y cuando uno empieza a leer, no quisiera dejarlo porque todo es tan sorprendente e increíble, que sin ser panfletario, despierta una morbosidad vengativa, porque usted sufrió mucha injusticia, y de veras es un texto vengativo. Además ante tanto descalabro no cabe el perdón sino el castigo. Su libro castiga.

Séptimo: para un lector no cubano, es lamentable que se pierdan frases de una ironía genial y muy oportuna y precisa.

Octavo: no concibo su libro sin adjetivos, estos son en cada caso tan necesarios como los datos y estadísticas; y en definitiva no hay idioma bien desarrollado sin adjetivación; además no siendo usted literato y siendo este su primer libro y por añadidura de tema científico, lo que usted usa no son adjetivos sino epítetos, y estos a su vez se convierten en el nombre de personas y cosas y actitudes, a quienes debíamos nombrar así y para siempre como a Aquiles, "el de los pies alados".

Noveno: me he interesado en conocer las reacciones de quienes usted menciona de forma acusatoria y aún ellos opinan que su libro está lleno de verdades; pero que usted "los embarcó". Acorde al régimen ya sabe lo que esto quiere decir.

Décimo: su editor debe ser más cuidadoso, recomiéndeselo. Hay errores de ortografía y de redacción que son notorios.

Onceno: la que le escribe es una mujer y creo debió haber escogido otra foto suya para la contraportada, aunque usted no me recuerde, yo sí sé que era, y creo que es, más bonito que en esa foto. Esto no es relevante; pero su libro es para la posteridad y todos los autores tratan de poner su mejor cara, excepto uno muy brillante, que yo leo mucho y que siempre pone cara de malo. ¡Adivine!

Por último lo felicito de todo corazón y por usted y su libro me siento menos apenada de ser cubana. ¡Gracias!


Una lectora



Bienne, Suiza

A salvo de las aguas de la Estigia

Queridísima Señora,

Desesperado por no poder hacerle llegar una carta, he apelado a la difusión por internet como la única vía posible de romper con la censura del castrismo y para que usted, o algún amigo suyo, le permita leer mi respuesta. Ella es breve y sólo desea de corazón ¡Que Dios la bendiga!


Sinceramente suyo,

Carlos Wotzkow
Febrero del 2000

Éste y otros excelentes artículos del mismo AUTOR aparecen en la REVISTA GUARACABUYA con dirección electrónica de:

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