MARTÍ PATRIOTA

Por Carlos Ripoll

Difícil es encontrar entre los grandes hombres de todos los tiempos un amor a la patria tan precoz y persistente como el de José Martí. En enero de 1869, a los quince años, a poco de iniciarse la Guerra Grande, su patriotismo encuentra cauce en los géneros que ha de preferir el escritor: la poesía, el teatro, el ensayo, el género epistolar y la oratoria: en una hoja de los estudiantes del Instituto publica su soneto ''10 de octubre'': Gracias a Dios que ¡al fin con entereza / Rompe Cuba el dogal que la oprimía / Y altiva y libre yergue su cabeza!

En el teatro, también en los mismos días, da los primeros pasos con Abdala, el poema dramático que elogia la conducta del guerrero que va a morir por la patria; al héroe le pregunta la madre afligida: ¿Y es más grande ese amor que el que despierta / En tu pecho tu madre?, y Abdala, ya listo para redimir su tierra del ''vil tirano'', le responde: ¿Acaso crees / Que hay algo más sublime que la patria?

El periodista se estrena en El Diablo Cojuelo, donde escribe en el editorial: ''Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él'', pero allí plantea el dilema cubano: libertad o esclavitud: ''O Yara o Madrid''. El 4 de octubre de 1869, en la carta más antigua que de él se conoce (después de la que escribió a la madre) amenaza con castigar a un compañero de colegio al servicio de España; le pregunta: ``¿Has soñado tú con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo se castigaba en la antigüedad la apostasía?'' Dos semanas más tarde lo arrestan, acusado de ''infidencia'': en el juicio, también con el tema de Cuba, se estrena el orador convenciendo a los jueces de que es culpable: el fiscal pidió la pena de muerte, pero la condena fue a seis años de cárcel. Ya en el destierro, por el indulto que le consiguieron, publica en Madrid su primer trabajo mayor, El presidio político en Cuba, donde se lee: ``Mi patria me había arrancado de los brazos de mi madre, y señalado un lugar en su banquete, me estrechó en sus brazos, y me besó en la frente, y partió de nuevo''.

Hasta su muerte, el 19 de mayo de 1895, nunca se redujo en Martí su pasión por Cuba. Que se sepa, sólo en un momento pudo un interés personal hacerle sombra a su patriotismo: poco antes de la boda, al hablar de la novia, le confesó a un amigo: ''Ejerce ella en mi espíritu una suave influencia fortificante, a tal punto que creo ahora que bien pudiera ponerse por encima de la misma nostalgia de la patria la nostalgia del amor''. La esposa nunca compartió con Martí su preocupación por Cuba: ella creyó que el amor y el hogar reducirían al patriota, pero ni el matrimonio ni el hijo lograron el milagro: jamás pudo imponerse en él sobre ''la nostalgia de la patria la nostalgia del amor''. En 1880, se negó a regresar con ella a Cuba porque pensaba que ''visitar la casa del opresor es sancionar la opresión'', y se rompió el matrimonio.

Martí pasó la mayor parte de su vida en el exilio, vivir doloroso para quien ama a su patria, y más con la sensibilidad y su exaltado amor; había escrito en México: ''Arbusto solitario es el alma del hijo enamorado de la patria que lejos de su amada sufre sin consuelo: manera de morirse es ésta de vivir alejado de la patria''; y en Nueva York: ''Disfraz abominable y losa fúnebre son las sonrisas y los pensamientos cuando se vive sin patria''; para concluir en uno de sus apuntes: ``¡Si no se vive más que por la patria! Si éste que parece nombre vano a los imbéciles, es el resorte y fuego de toda nuestra vida. ¡El que viva feliz lejos de la patria, ya está juzgado!''

Pero quizás el pasaje de sus escritos que mejor refleja su desolación y agonía por Cuba es del discurso de 1887 evocando el 10 de octubre; allí dijo: '¿Qué somos nosotros más que lo que nos decía esta noche un anciano respetable, qué somos nosotros más que `mártires vivos'? Vivimos entre sombras, y la patria que nos martiriza, nos sostiene. Desecharla es en vano; ni ¿quién quiere desecharla? Aturdidos, confusos, impotentes, los que viven lejos de la patria sólo tienen las fuerzas necesarias para servirla. Así vivimos: ¿quién de nosotros no sabe cómo vivimos? ¡Allá, no queremos ir! Cruel como es esta vida, aquélla es más cruel. ¿A qué iríamos a Cuba? ¿A oír chasquear el látigo en espaldas de hombre, en espaldas cubanas?... ¡Saludar, pedir, sonreír, dar nuestra mano, ver, a la caterva que florece sobre nuestra angustia, como las mariposas negras y amarillas que nacen del estiércol de los caminos? ¿Ver en el bochorno a los ilustres, en el desamparo a los honrados, en complicidades vergonzosas al talento? ¿Ver a un pueblo entero, a nuestro pueblo, en quien el juicio llega hoy a donde llegó ayer el valor, deshonrarse con la cobardía o el disimulo? Puñal es poco para decir lo que eso duele. ¿Ir, a tanta vergüenza? Otros pueden: ¡nosotros no podemos!''


Cortesia de la Nueva Cuba


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